Eso es lo que venimos a resolver, y nada más: que la carta, el precio y el cliente vuelvan a ser de Donde Nahún. Lo que sigue es la prueba de que hoy no lo son —lo que encontramos entrando a sus dos cartas, a sus fichas de Google, a Rappi, a DiDi y a sus redes— y después, con qué se ordena.
Antes de escribir una línea de esta propuesta leímos sus dos cartas completas, plato por plato. El mismo plato aparece dos veces, en la misma carta, con dos precios distintos. Las descripciones son idénticas palabra por palabra: es el mismo producto, cargado dos veces.
El cliente siempre compra el precio más bajo que encuentra. La sede está vendiendo barato creyendo que vende caro.
Un error, en un plato, en una sola sede — y por ahí ya se va más plata de la que cuestan dos meses enteros de todo este trabajo. Ahora multiplíquenlo por los otros platos duplicados, por las dos cartas y por los meses que llevan así. Nadie lo vio, porque no hay dónde verlo.
Ninguno de los seis está caído por descuido: están caídos porque nunca se construyeron. Nadie los pidió, nadie los cobró y nadie los revisó en veinticinco años.
Y el remate: el cliente que logra cruzar los seis puentes termina pidiendo por una aplicación que se queda con el 27 % de la venta.
Mismos platos, mismas descripciones, misma marca y la misma aplicación. Lo único que cambia es la sede.
Trece de quince platos comparables están entre 26 % y 49 % más caros en una sede que en la otra.
Ninguno tiene canal propio. Toda la categoría de comidas rápidas de Bucaramanga termina en un WhatsApp o en un Linktree. El primero que monte su propio canal se queda con él.
Nadie descarga la aplicación de una hamburguesería. Todo el mundo ya tiene WhatsApp abierto. Por eso el bot va por ahí y no por otro lado.
La métrica única del trimestre: cuántos clientes propios tiene Donde Nahún el último día. Hoy tiene cero. Ese número es el producto de los tres meses.
Y ahora, cada parte por dentro: primero el landing, después el contenido que lo llena de gente, luego el bot —que es el que se queda con el cliente— y, al final, el paquete completo.
Y una cosa que hoy no tienen y vale más de lo que parece: una dirección propia que se puede medir. Cuántos entraron, de dónde llegaron, qué plato miraron y cuántos tocaron el botón. Con eso, la pieza del mes siguiente ya no sale a ciegas.
Un domicilio no dura meses: dura cuarenta minutos. Y en esos cuarenta minutos caben todas las formas de perderlo —el mensaje que nadie alcanzó a leer, la dirección que se entendió mal, el cliente que preguntó tres veces si ya casi y colgó—. Acá el recorrido tiene un solo camino y termina siempre en el mismo lugar: su lista.
Nada de esto se anota a mano. Sale solo de la conversación, y es exactamente lo que hoy se queda Rappi.
Esto es una parrilla: el calendario de lo que se publica, con su día, su hora y en qué red va. Les llega antes de que se produzca nada y nada sale hasta que ustedes la aprueben. Las horas no son al azar: se publica cuando la gente tiene hambre.
Una semana del plan: un video y tres piezas, cada una con su día y su hora. Y esas mismas piezas son las que salen a pauta: no se produce contenido aparte para la publicidad.
El mes puesto en su cuadrícula. Cada color es un tipo de publicación distinto, y así se ve de un vistazo que el perfil no repite siempre lo mismo. Las palabras son las de su carta y las de sus sedes, no ejemplos inventados.
Y tres videos ancla, uno por mes, en vertical: «Su propio precio», que es el anuncio del canal; «Sabor de calle, desde 1995», que es el de marca; y «Vuelva por lo suyo», que es el de la recompra.
Hay bots por todas partes y casi todos hacen lo mismo: mandan un menú y se despiden. Ese no sirve de nada. El suyo trabaja al revés: contesta al instante —si están abiertos, si llegan a ese barrio, cuánto vale, cuánto se demora—, toma el pedido y, cuando termina, se queda con el cliente: nombre, teléfono y qué pidió.
Un solo número de WhatsApp para las dos sedes. El bot decide la sede por la dirección, así que el cliente no tiene que saber cuál le queda más cerca ni escoger entre dos números.
Y esa lista se la entregamos a ustedes. No se la contamos: se la entregamos, con nombre y teléfono.
Los tres niveles del trimestre: el primer mes responde y toma el pedido; el segundo reconoce al que ya pidió, sugiere el adicional y pide la reseña de Google de la sede de Lagos, que hoy tiene cero; el tercero recupera al que no vuelve hace treinta días, felicita cumpleaños y arma el combo según lo que come.
Las plantillas de Meta se radican el primer mes. WhatsApp solo deja escribirle a un cliente dentro de las 24 horas siguientes a su mensaje, y todo el tercer mes vive fuera de esa ventana. Si se dejan para el final, el bot queda mudo justo cuando iba a demostrar que sirve.
Montaje en Meta, verificación del negocio, plantillas, guion y pruebas: todo va incluido en el paquete, sin cobro aparte y sin activación.
Uno, y con eso les alcanza: ese único número atiende las dos sedes, porque el bot escoge la sede por la dirección del cliente y no por el número al que le escribieron. Toda la conversación, toda la lista y todo el historial quedan en un solo lugar. Y si algún día necesitan un segundo número —una sede nueva, otra marca, una línea aparte para eventos— se monta sin problema: el valor de ese bot adicional está más adelante, con la inversión.
Un adhesivo con código QR en cada bolsa de domicilio: «la próxima, pídala directo, y le sale $5.000 menos». El descuento no sale del bolsillo de ustedes: sale del de la plataforma.
Lo primero se ve en la primera semana. Arreglar sus fichas, sus horarios y los precios duplicados no espera a que nada esté listo. Pero lo de fondo —la lista de clientes— no se construye en treinta días: el primer mes apenas empieza a llenarse, y es en el tercero cuando ya hay a quién escribirle. Cortar antes es botar el trabajo del primer mes.
Nosotros planeamos, diseñamos y administramos esa pauta; lo único que va por fuera del paquete es la plata que se le entrega a Meta. Y el segundo bot solo se cobra el día que ustedes lo pidan.
El millón mensual es por el bot y por el contenido — la máquina que trae la gente y la registra. El landing no entra en esa cuenta: se lo regalamos por firmar los 3 meses, se diseña, se programa, se pone en el aire y se mantiene sin un peso más. No hay activación, no hay cobro de montaje y no hay tres facturas distintas. Y las piezas de cada mes son las mismas que salen a pauta: el contenido trabaja dos veces y no se cobra dos veces.
No es la lista de lo que hacemos nosotros. Es la de lo que ustedes tendrían que contratar para tener esto mismo por su cuenta, a precios de mercado.
La propuesta vale por 30 días · El valor mensual no cambia durante los 3 meses del plan · El landing y el bot quedan funcionando aunque no sigan · La información de su negocio y la de sus clientes es suya, no la ve nadie más.
Cartas completas de DiDi Food de las dos sedes, leídas plato por plato el 2 de septiembre de 2026 · Rappi, dos fichas · iFood, una ficha · Google Maps, dos fichas con calificación y número de opiniones · Instagram, TikTok y Linktree de la marca · Acodrés, en Portafolio, El Tiempo, El Frente y Semana · DANE, boletín del IPC de julio de 2026 · La República, con datos de Green Information Group · Deloitte y Oracle Food and Beverages, en Marketing4eCommerce · Blip, Portafolio e Infobae, sobre WhatsApp en Colombia. Ningún dato es estimado.